Cuando la comunicación dejó de ser una ciencia

No estoy buscando devaluar mi carrera profesional, ni tampoco quiero que se me tache de inapropiado. En realidad, creo que estoy clamando justicia para todas y todos los comunicólogos que amamos nuestra formación.

Con mucho dolor, les comparto una mala noticia: las ciencias de la comunicación han dejado de ser tratadas como eso, como ciencia.

Es muy probable que esta definición sea muy parcial y para muchos injusta, otros la consideren errónea y polémica, pero lo cierto es que basado en mi experiencia personal y profesional, esa fue mi conclusión.

Seguro estoy que más de alguno que trabaje o haya trabajado en áreas de gobierno o en agencias de comunicación y publicidad, se sentirán identificados con esta situación:

Presentaste un proyecto con objetivos precisos, metas alcanzables, con fundamentos determinados y un largo etcétera, pero tu jefe o alguien que jerárquicamente está por encima de ti afirma con fría expresión: ‘no me gusta’.

Sí, en seco, a él o ella no le convenció porque a su parecer la frase no era de impacto, no cree que el proyecto pudiera tener éxito o ya mínimo un gramo de razón, no considera que el trabajo tenga un motivo y con palabras domingueras salidas del diccionario inglés-español te lanzan una letanía de conceptos mal pronunciados que en resumen te llevan a la misma respuesta: no, no y no.

Resulta que en la práctica (como en el papel), la comunicación no es precisamente una ciencia exacta, y más ahora que las teorías de masas y los conceptos sobre mensajes multitudinarios parecieran un eco lejano de siglos pasados por las nuevas formas de relacionarnos e informarnos.

La comunicación de hoy –nos guste o no- se fundamenta mucho más en la intuición, porque es difícil predecir la conducta de los grupos, y como ya sabemos, con la intuición se amplía el espectro de la subjetividad.

Aunque mis amigos de la radio y la televisión se enojen, ambos canales dejaron de ser masivos porque en la actualidad, la gente tiene la misma diversidad de opciones como de gustos para satisfacer.

Una estación de radio llega a un nicho definido, lo mismo que un canal de televisión abierta o de paga. No por algo los reality shows, los programas deportivos y de comedia, al igual que las telenovelas se convirtieron en una multiplataforma para atraer a más espectadores.

Por ejemplo, La Academia (el más reciente reality show de canto producido por Tv Azteca) se podía ver en televisión abierta, lo podías escuchar en la radio –a través de Exa- pero además emitías tu voto por una aplicación para smartphones.

¿Quién hubiera imaginado que en la acostumbrada soberbia de esos grandes emporios televisivos se tuviera que recurrir a una multiplataforma para llegar a más audiencia?

No obstante, eso no significó hacer de lado los múltiples problemas que la multiplataforma trajo consigo, como tener a una ganadora favorita en su aplicación de votos, pero a la vez colocar como trending topic mundial a las participantes que quedaron en los lugares cuarto y quinto de su misma aplicación y lo cual alentó a las famosas teorías del fraude. Vaya enredo.

Otro ejemplo digno de estudio es el “pensamiento lógico” que comete cualquier gobierno, de cualquier nivel en este país, los cuales creen fervientemente que su departamento de comunicación social va a remendar los errores, faltas y omisiones que como autoridad han tenido con sus gobernados.

Creer que un boletín de prensa aderezado con un video, foto, tweet y/o publicación de Facebook logrará convencer a la mayoría de la población de lo “maravillosa” que es tal administración pública, es un gran y vil engaño.

La comunicación gubernamental no es una medicina. Es trágico que exista gente que piense que viralizar un “video bonito” con el rostro triunfal del gobernador, alcalde o alcaldesa, diputado o senador en cuestión entregando una pomposa obra (aunque esté bien chafa), con música fílmica de batalla épica, niños sonriendo y colores de fondo del partido político del que emanó sea la fórmula esencial para llegar a las masas. Hay muchas historias que yo les podría contar, pero eso será en próximas entregas.

Conclusión: las Ciencias de la Comunicación, como verdaderamente se llama nuestra carrera profesional, en la praxis actual se aleja mucho de lo que alguna vez nos dijeron que sería, peor aún en tiempos en donde el comportamiento social y las relaciones interpersonales se han vuelto más complejas y requieren soluciones de comunicación más efectivas. Triste pero cierto.